Muchos han escrito sobre el tema de la libertad financiera y se han dado a conocer testimonios personales respecto a cómo alcanzar esa, tan ansiada, posición personal.
Se han dado, incluso, una enorme cantidad de consejos destinados al logro de la misma.
No vamos a seguir la misma metodología.
No vamos tampoco a negar ninguna de las proposiciones anunciadas, pero sí vamos a ubicar el problema, en su debida dimensión y en su espacio de desarrollo, esto es América Latina.
¿Por que razón? Simplemente por que las condiciones económicas en las que vive el mayor porcentaje de sus habitantes no les permite aplicar esas reglas, solamente válidas para ciertos países del primer mundo.
Esta aseveración la justifican las estadísticas que nos revelan que el más del 99% de la organización empresarial se integra con micro, pequeñas y medianas empresas que ocupan más del 70% de la fuerza de trabajo.
Cuando se nos da el consejo de disminuir el consumo, para permitir el aumento del ahorro. nos preguntamos si se sabe realmente lo que gana el latino medio.
Su ingreso, con mucho sacrificio, le alcanza al más feliz para cubrir sus gastos mensuales imprescindibles. ¿Se sabe, acaso, que estos países, destinan globalmente, más del 85% al consumo tanto público como privado y apenas queda de un 10 a un 15% para la inversión que es lo mismo que el ahorro?
Con estos datos los países no pueden pensar en invertir, con recursos propios, para alcanzar su libertad financiera, para aumentar su capital fijo (carreteras, puentes, transporte, etc.)
Sin embargo algunas de estas cosas se realizan, dirán algunos.
Sí, se realizan y es bueno que se realicen, pero a costa de la utilización de préstamos internacionales que hay que invertir en proyectos productivos (no para financiar gastos públicos) y luego hay que devolverlos como lógicamente debe hacerse.
Al hombre en forma individual, le sucede lo mismo, su ingreso no le alcanza la mayoría de las veces para cubrir los gastos familiares imprescindibles (consumos perecederos en el corto plazo), pero, acicateados por “el efecto demostración” se ven impulsados a la compra de bienes de consumo (perecederos en el medio plazo) aplicando líneas de crédito comerciales, tarjetas de crédito, préstamos particulares y prestamos sociales.
Y todo esto va creando una forma de dependencia financiera perniciosa, ya que la amortización del capital y de los intereses comprometen los ingresos disponibles, que en primera instancia son necesarios para dar cobertura a los gastos y consumos perecederos.
Tanto a los países como a las personas le sucede lo mismo.
No podemos hablar de libertad si antes no conseguimos librarnos de la esclavitud.
Generalmente cuando se habla de esclavos pensamos en antiguas épocas en que los hombres por su raza o por su condición eran sometidos por otros más poderosos.
Sin embargo hoy, existen muchos mas esclavos que en otras épocas.
Para demostración veamos lo que dice el diccionario: “Se es esclavo cuando por estar bajo el dominio de otro se pierde la libertad”
Muchas veces nos ufanamos en decir que somos políticamente libres por que nuestros países tienen elecciones de gobernantes, limpias, serias y periódicas. Sin embargo nadie dice que sólo somos libres de votar, pero no de elegir, ya que los candidatos nos vienen impuestos por congregaciones minoritarias (a veces de pocos hombres y hasta de uno) en listas previamente preparadas. Somos esclavos de un sistema que ha hecho del cargo político público una forma de vivir para algunos sujetos (inamovibles) por muchas décadas.
También podemos agregar la sujeción a las corporaciones sean gremiales o patronales.
Somos esclavos de un sistema (capitalista, comunista, neo liberal, como quiera llamársela) que nos somete a determinados regímenes (de tributación, de reglas, de empleo, etc)
Vale una aclaración: no somos anarquistas, creemos firmemente en la organización social política ética y responsable, con gobiernos, no corruptos, con sistemas ejecutivos, representativos y judiciales que a la vez de defender los derechos colectivos salvaguarden la libertad de los individuos, en todos sus aspectos, políticos, sociales, religiosos, de genero, raciales, etc.
En este aspecto la libertad se adquiere, no por métodos violentos o demagógicos. Se accede a ella por medio de la educación, de la convivencia pacífica, por la vigencia de valores que enaltecen al hombre, por el respecto y la solidaridad entre los individuos y sus respectivas organizaciones Respetándonos unos a otros en nuestras convicciones sociales, políticas religiosas y hasta deportivas.
Somos de los que creemos que no podremos alcanzar la LIBERTAD FINANCIERA, sin antes resolver nuestra esclavitud en otros aspectos, en particular, los que tiene relación con la economía y las finanzas.
No obstante,, creemos, que podemos alcanzar cierta INDEPENDENCIA FINANCIERA si practicamos algunos métodos apropiados para ello.
Digamos que hay muchas formas de dependencia financiera.
Muchas nos incumben a nosotros mismos (problemas de conducta, incapacidad, falta de aptitudes progresistas, falta de valor para encarar determinadas actitudes) Otras, tienen el carácter de dependencia funciona. Dependemos de nuestros empleos, de la capacidad que debemos tener para cumplir determinadas funciones, del éxito o el fracaso de nuestros empleadores.
En ambos casos, el individuo afectado, obtienen cierta cantidad de dinero pero si no esta capacitado o mentalmente preparado para afrontar la situación, lejos de lograr su independencia financiera se verá afectado por la dependencia que le impone otros factores como situaciones depresivas, stres , mal humor etc.
La falta de capacidad empresarial y la dependencia de ciertas fuentes financieras son las que provocan esta preocupante situación.
1) De aquí al futuro la introducción en los programas en las escuelas y en la enseñanza media (liceos y bachilleratos) de reglas y programas de capacitación para lograr la comprensión y la práctica de la independencia financiera.
2) En el presente, las conductas, la capacitación y el asesoramiento necesario, para construir y desarrollar pequeñas y medianas empresas sólidas y productivas. Aprovechar las buenas ideas, que muchas veces no se llevan a la práctica, por falta de ese impulso necesario para remover la dependencia del empleo, público o privado, y la falta de coraje o voluntad para construir un destino propio.

